Rassegna storica del Risorgimento
Italia. Brescia. Repubblica di Venezia. Secoli XVIII-XIX
anno
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1999
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pagina
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323
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Espana y la Republica Romana 323
La respuesta a dicho despacho entraba dentro de la lògica de un go-bierno moderado corno el existente entonces en Espana, pero determinados aspectos merecen un comentario detenido de la misma. Las primeras pala-bras del Ministro de Estado son una mezcla de reproche, por la actitud que la Santa Sede habia seguido hasta entonces con respecto a Espana, y de justificadón de las medidas que los gobiernos liberales habian seguido en relación con la Iglesia:
Los conflictos en que hoy se encuentra el Jefe de la Iglesia pudieran hacerle comprender cuanto son excusables otros Gobiernos que en igualdad de circunstan-cias se han visto obligados, por evitar mayores males, a prestarse a exigencias hij as de la època y de los sucesos. Pero dejando a un lado reflexiones que en el momento podrian tener una interpretación muy distante de los sentimientos de vene-ración y de respeto que distinguen a la Reina Na. S* y a su Gobiemo con respeto al Jefe de la Iglesia, paso a contestar a los dos puntos sobre que V.S. consulta en su citado despacho J)
Dentro del respeto con el que siempre se referian a la autoridad ecle-siastica, hay también una cierta amargura y queja contra la actitud vaticana respecto a Espana en las negociaciones que se estaban realizando sobre el nuevo Concordato. Dejando a un lado este inciso, cuya importancia reside, entre otras cosas, en que està colocado al inicio del texto, vamos a centra-mos en la respuesta a las dos cuestiones planteadas por el representante en Roma.
Respecto a las relaciones con el ministro de Asuntos Exteriores laico, el Gobiemo espanol desautorizaba la opinion de su representante en Roma cuando senalaba que los lazos con los Estados Póntificios proceden de causas puramente religiosas, pues los negocios entre los dos palses son de muy escaso interés , a pesar de lo cual no debe dejar de relacionarse con el nuevo ministro. Dicha medida se justiflcaba por la necesidad de acomodar-se a las circunstancias, sin entrometerse en negocios interiores de otro pais, sin que elio significase una minusvaloración de las relaciones religiosas son el Santo Padre.
Logicamente, la hipótcsis de una posible huida del Papa obligaba a una dclicada y matizada respuesta:
[...J si tal dcsgracia llcgasc a tener lugar debetà desde luego seguir a S.S. a donde quiera que se dirija, porque el objeto de la mJsión de V.S. es esencialmente
7> Ivi. Despacho del Ministro de Estado (3 junio 1848) al Encargado de Negocios.